Nueva York
Costumbres de EEUU
Estados Unidos, con una población de más de 300 millones de habitantes, sigue siendo el país más poblado de América y el tercero del mundo. Nacido de una de las más relevantes inmigraciones de la historia de la humanidad, las diferentes culturas se han adaptado, sobre todo en las principales ciudades de la costa, de forma casi perfecta. Desde las primeras migraciones, como si de un gran campo de concentración se tratara, Estados Unidos fue acogiendo sin reparo a todos los que llegaron con intención de quedarse. Son ellos, los extranjeros, los que han ido construyendo la primera potencia del mundo.
Una amalgama de historias diversas y variadas culturas de tiempos pasados ha confluido en costumbres, hábitos y estilos de vida que hoy son definidos como típicamente norteamericanos. Quizá uno de ellos, el más relevante y más distinguido, sea el pragmatismo con el que los ciudadanos de Estados Unidos conducen su existencia. Es la cultura del pragmatismo, de las cosas fáciles, en fin, de la comodidad y el consumismo. Los norteamericanos agradecen y se esmeran por que las cosas, las situaciones y los hechos sean resueltos de una manera fácil y rápida.
Aquella frase de el tiempo es oro resume una actitud vital y muy difícil de desentrañar. Baste un ejemplo: muy probablemente, en Estados Unidos existen seres que realizan la mayor parte de sus actividades dentro de un automóvil. Es posible desplazarse, llamar por teléfono, pedir comida en un autoservicio, ver una película, retirar dinero de la ventanilla de un banco, tirar las cartas al buzón o comprar sellos sin bajarse del coche. El hecho de que se desarrollen tantas actividades con él se debe a que es el medio de transporte más utilizado. Los motivos atienden a diversas razones, como que el carné de conducir se puede obtener a los 16 años, que su precio no es tan elevado como en determinados países de Europa y que la mayoría de las viviendas están tan distanciadas unas de otras que el coche es imprescindible. Esta dependencia ha originado una generalizada falta de interés por los paseos en la mayoría de los estadounidenses, a excepción de los habitantes de las grandes ciudades que no tienen otro remedio que caminar para llegar a sus puestos de trabajo.